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treverse podría ser el verbo más conjugado por estos dos periodistas que han abierto caminos y ahora reflexionan para Perspectivas sobre el cambio, el fracaso y el periodismo como necesidad. El ingenio en la palabra, la experiencia, la necesidad de decidir un camino y pensar qué hubiera sido la vida si la elección hubiera sido otra, o si no hubiéramos tenido elección.

Un diálogo cuajado de humor y perlas, de amor por la profesión y tristeza por el paraíso perdido de los cierres diarios en un mundo en que cerrar, cerrar, ya no se cierra nunca y los periódicos tienen diez portadas distintas al día.

 

TXEMA: Cuando estábamos en la facultad, salíamos con mucho ímpetu. Luego ves que en el corto plazo somos irrelevantes. Pero sí construimos mucho en el medio y el largo plazo.

ARSENIO: Sí, en los 70 teníamos demasiada prisa por llegar y la sensación de que había una generación anterior que nos taponaba y nos impedía subir, y a veces llegas a pensar si la gente de nuestra quinta no ha sido a veces también tapón de inquietudes profesionales de la generación que venía detrás. Hay que estar atentos.

Y esta vorágine de querer tenerlo todo ya, de contarlo todo rápido…

Y no es buena. En nuestra profesión todo va muy deprisa, me da la impresión de que estamos en una vorágine -y no peyorativamente- de cambio continuo. El tren va muy deprisa, pero no hay una estación término donde tengamos un fin del viaje. Porque la tecnología es un factor externo al periodismo y no para. Y nosotros cada día dependemos más de ella, para bien y para mal, no podemos detenernos.

Txema Valenzuela en Perspectivas wellcomm 2019Deberíamos asumir también el reto de que la tecnología no fuera algo “externo”, sino anticiparnos a la tecnología, dedicar tiempo a ver cómo hacer que avance en nuestro beneficio.

Sí, pero para eso hace falta una cosa de la que carecemos, al menos la gente de mi generación: pericia. Tenemos un déficit importante de conocimiento tecnológico y el cambio nos pilló maduros. Algunos o muchos de nosotros nos hemos adaptado, pero aún así no tenemos las capacidades técnicas que tenéis vosotros.

Estamos usando tecnología de otros y eso no acabará bien. 

Sí, ha sido pasar de lo que llamábamos en mi juventud “la dictadura del maquetariado”, que era cuando los maquetadores decidían lo que teníamos que hacer, a la de lo tecnólogos. Si tiene que haber dictadura, al menos que sea compartida.

Hablabas antes de que cuando saliste al mercado a trabajar, te encontraste que había una generación de periodistas que te taponaba.

Cuando yo tenía esa sensación de que estaba taponado por una generación de periodistas muy buenos y bien equipados -y que estaban protagonizando un papel relevante en el periodismo y la comunicación-, con el cambio político y social de los primeros 80, estuve a punto de tirar la toalla. Yo había estudiado Filología y Periodismo, y con 24 años, en el 82, mi mujer me convenció para que me presentara a unas oposiciones de profesor de instituto. Y estuve un año preparándolas y llegué a hacer una sustitución en clase a la entonces mujer de Felipe González, Carmen Romero, que había pedido una excedencia. Pero mientras tanto, yo hacía reportajes y los vendía a puerta fría en los periódicos. A veces me los publicaban, y a veces, incluso, los cobraba. Y un día publiqué en El País. Volvía a casa aquella noche (no había móviles) y me encontré al llegar que me había llamado el número tres del periódico. Le devolví la llamada y me dijo: “Chaval, lo que has escrito está muy bien, pero me cuentan que quieres ser profesor de literatura”. Y se empezó a reír. Comentó: “Creo que te equivocas, tú puedes ser un buen periodista y si vienes mañana, te doy empleo”. Y eso cambió mi vida. Te contaba esto por los referentes, que son esa generación anterior, claramente. Pero yo tengo referentes en el mundo del periodismo mucho más jóvenes que yo y eso me hace sentir afortunado. Gente que tiene 10 o 20 años menos y que me salvaron como profesional. Recuerdo en Cinco Días cuando llegaron en los noventa dos becarios diciéndonos que había una cosa nueva que se llamaba internet. Nos dieron un baño de realidad de lo que estaba pasando.

"La carrera buena es la de los fracasos, porque ahí aprendes"

Una cosa que me pareció perniciosa del primer momento de internet es que era muy fácil convertirse en referente y los que sabíamos algo no llevábamos lo suficiente en el nuevo entorno como para sacar conclusiones sólidas. Hubo un boom en el que muchos dábamos charlas con una experiencia mínima.

Al menos teníamos esa mínima experiencia en un campo que estaba virgen, era lógico que los que teníais alguna experiencia la compartierais, aunque pensarais que era poco.

Ibas buscando modelos y te veías obligado a serlo, y lo más sensato era volver a modelos pasados para entender la base. 

Pero a veces tenemos el pesimismo de que todo empeora con el tiempo y no es así.

No, no, mejoran mucho, y hay una cosa que es maravillosa que es aprender de los que vienen, nos hacen mejores. 

Tienen una mirada sin los corsés que todos tenemos, aunque no queramos o no creamos tenerlos.

Es fundamental pararse a pensar. Ahora en la oficina estamos intentando hacerlo de forma obligatoria, reflexionar sin prisa sobre un tema concreto. Pero tienes que asegurarte de poder tomarte tu tiempo para pensar en ello, porque la vorágine del día a día te lleva. Hay que obligarse porque las cosas no se aprenden si no paras. 

Eso pasa especialmente en los diarios, que antes tenían un punto de tensión que era el cierre, pero es que ahora lo hemos multiplicado, estás continuamente en tensión, y eso no deja tiempo para pensar, reflexionar, pararte y mirar con la mirada un poco más fría, sin la precipitación de la inmediatez. Se han cometido barbaridades y errores informativos por la prisa, por darlo antes que el de al lado, y lo das antes, pero lo das mal, con una noticia errónea o falsa por intentar ser el primero. La tecnología se ha convertido en un factor que, mal utilizado, genera un mal producto.

Recuerdo cuando el portadista de 20 Minutos podía ver cómo iba de tráfico cada edición en tiempo real y decidir qué destacaba en función de eso: el producto final se deterioraba porque metías cosas que no eran para el bien del producto sino del tráfico. Es difícil gestionar.

Creo que a veces nos conformamos con usar las herramientas, pero deberíamos ir más allá o volveremos a estancarnos. Esa capacidad de poner en duda todo pesa mucho, porque nos enfrentamos a maquinarias muy pesadas.

Debemos ser capaces de dudar incluso de nosotros mismos. Con la edad, he ido aprendiendo a aumentar las dudas y disminuir las certezas. Es bueno porque te obliga a replantearte cualquier cosa a diario y eso es obligatorio en esta profesión.

También capacidad de escucha y no vivir la profesión como si fuera un juego: todo el día contando los “me gusta”, las visitas, etc.

Arsenio Escolar en Perspectivas wellcomm 2019Eso es malo: valorar tu trabajo por cuántos seguidores tienes, cuántos tienes en la agenda que contestan un whatsapp, no es bueno y en eso se cae muy fácil.

Luis Abril contaba cómo antiguamente la comunicación corporativa consistía básicamente en que el presidente quedara bien, en todas las empresas. Y punto. Empezó a evolucionar y defender valores de la compañía, elementos sólidos, etc. y al final te encuentras con muchos clientes que lo que quieren es el trending topic rápido o la portada rápida. Espuma de cerveza, no sirve para nada y hay que hacer comprender a la gente que nuestra profesión construye a medio y largo plazo, que el ser humano cambia de opinión con lentitud.

Y que la inmediatez y la portada de mañana no es para nada la forma de que el público cambie de opinión sobre ti o tu empresa.

Y que la comparación con el de al lado no siempre sirve. Porque tu evolución, incluso como negocio, no siempre es comparable. No perdamos de vista que una empresa tiene un objetivo que no tiene que ver con los “me gustas”.

Y esos ‘me gustas’ y retuits son un poco una medida miserable. No soy peor profesional que la semana pasada porque bajen los datos. Hay que tener mucho cuidado porque debemos dudar siempre de los éxitos y de los fracasos, de los últimos se aprende más. Me acuerdo mucho de dos frases, una es una dedicatoria de Kipling: “Al éxito y al fracaso, esos dos impostores”. Y la otra la dice José Antonio Martínez Soler muchas veces. Habíamos estado juntos en varios proyectos anteriores que habían fracasado. Al tercer o cuarto año después de la fundación de 20 Minutos, nos llegó el primer informe de auditoría y resultó que estábamos en beneficios, José Antonio dijo una frase que yo repito mucho: “Arsenio, este éxito arruina nuestra larga carrera de fracasos”. Y es que la carrera buena es la de los fracasos, porque ahí aprendes. El éxito es fruto de la prueba y el error, continuamente. Mi consejo es que no te quedes corto y que en el futuro te preguntes “¿por qué no probé?”. Es mejor haber probado y si has metido la pata, procura sacarla y no perseverar en el error.

Referentes profesionales

Periodistas que tienen más edad, como González Urbaneja (mi director en Cinco Días), Álvaro San Martín, en El País, José María Izquierdo o Martínez Soler. Pero luego tengo otros referentes en gente que tiene 10 o 20 años menos que yo y que me salvaron como profesional. Gracias a estos últimos tuve la capacidad de reinventarme como periodista digital. Mi propio hijo, que me ha dado muchas lecciones, o gente que he tenido en 20 Minutos, como las dos directoras adjuntas, Raquel Ejerique y Virginia Pérez Alonso, ambas 20 o 25 años más jóvenes que yo y que vivían ya totalmente en el nuevo paradigma. Tener esa suerte de referentes es una bendición y hay que aprovecharlos. Había un anuncio que decía: “Aprende de tus hijos”, de la generación siguiente. Y eso hago.

Dos lecciones aprendidas

La primera sería que conviene probar muchos destinos y muchos oficios dentro de la profesión y, si es posible, en distintas casas editoriales. Y la segunda, que en todos sitios aprendes, incluso en aquellos a donde te arrepientes de haber ido.

Habilidades del dircom del futuro

La capacidad de adaptación a todas las distancias, transversalidad, conocimiento de la tecnología. Esta última es muy importante, diría que imprescindible. Capacidad para creer que cualquier oportunidad es buena, para coger todos los trenes que pasen. Hay que tener predisposición a aprender y evolucionar permanentemente, hasta el día que te jubiles. Hay una frase de un amigo que la digo mucho: “O te aclimatas o te aclimueres”. En esta profesión es así. Todo va tan deprisa, cada mes salen innovaciones tecnológicas que generan nuevos perfiles y mercados, que hay que estar atento o te quedas atrás.

Perspectivas wellcomm 2019

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