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ecía la vieja canción que veinte años no son nada, pero en el mundo nuestro frenético de la comunicación, en cambio, seis han sido una eternidad; más aún, me atrevería a decir que, en general, los últimos seis años han sido convulsos en casi todos los aspectos, rozando la extenuación.

Los últimos tiempos de la interminable crisis (si es que podemos darla por terminada, que eso daría para la redacción de libros completos) han asolado a la sociedad poniendo patas arribas muchos conceptos que considerábamos consolidados.

Y en este marco frenético, vuelvo a leer aquel texto que escribí sobre la casi cirugía estética que las empresas buscaban en Google.

Aquella obsesión de la inmaculada reputación online no ha desaparecido, sigue ahí presente, aunque ha ido convirtiéndose en parte de nuestro business as usual. Eso sí, alterada para evitarnos el aburrimiento, por diversos cambios en los algoritmos de búsqueda y complicándonos la existencia con nuevos fenómenos como las dichosas fake news (fenómeno de la posverdad o, usando una palabra muy española, las paparruchas) o la entrada en acción de nuevos términos acaparadores de nuestras bandejas de entrada como la transformación digital o la experiencia de cliente.

En realidad, el medio online sigue madurando y nos sorprende, no siempre para bien, con escándalos de aquellos gigantes de internet que veíamos como fuerzas emergentes o titanes de la globalización imparcial de la información y que, ahora, vemos sentados declarando frente a gobiernos a ambos lados del océano para explicar el uso de los datos, de nuestros datos, que hacen propios y extraños.

Nos sorprende cuando vemos cómo los medios sociales son también malintencionadamente utilizados para generar una perversión en el uso de la información que hace de la desinformación una mina con beneficiarios poco recomendables. Información que, por otro lado, complementamos desde las empresas con la generación frenética de contenidos propios que, bajo la bandera del branded content, pueden rozar, y de hecho rozan, la publicidad encubierta. Los formatos tradicionales de publicidad se agotan y buscamos alternativas para mantener la efectividad en los saturados cerebros de nuestros públicos.

"Los últimos tiempos de la interminable crisis han puesto patas arriba muchos conceptos"

Mientras tanto, los medios, en permanente crisis de sus modelos de negocio, buscan también compensar sus ingresos, difuminando con ello las líneas que separaban los medios propios de los obtenidos y de los pagados.

Y en todo este vórtice caótico que nos rodea, sin embargo, me atrevería a decir que hemos superado una fase.

La realidad nos ha demostrado, con crudeza en muchos momentos, cómo la falsa búsqueda de la pluscuamperfección no era el camino adecuado y que, además, era una posición atrincherada difícilmente sostenible si pensábamos en la coherencia y la transparencia, para lograr credibilidad, como armas de nuestra estrategia de comunicación.

Recordemos que humanizar mostrando nuestros errores y, al mismo tiempo,  nuestra capacidad de subsanarlos, es un valor de mayor peso en la gestión de nuestra reputación.

Y más todavía en estos tiempos en los que cualquier acción mínimamente fuera de lugar es sistemáticamente diseccionada, incluso diría, viviseccionada, sin escrúpulo alguno.

Y sinceramente pienso que ese es el camino más adecuado. Al fin y al cabo la humanidad, la naturalidad de las acciones es lo que las dota de la credibilidad, que antes citaba, y que hoy son más necesarias que nunca.

Olvidar un poco aquella redacción de nuestros mensajes pensando en el algoritmo que los indexa y recordar más a la persona que tendrá que leerlos y en las emociones que le podemos generar para construir nuestro relato, es un objetivo más sano.

Sigue estando en nuestros planes de comunicación ese término llamado engagement, pero ya no debe significar lo mismo. Hemos pasado, o debemos pasar, de la búsqueda de vinculación con nuestros públicos al compromiso con los mismos.

¿Dónde estaremos dentro de otros seis años? Amigo lector, para eso no tengo respuestas… Vaya usted a saber.

Director de Marca, Comunicación y Calidad BNP Paribas P.F. @mouriz

Perspectivas wellcomm 2019

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