E

n 2013 escribí para este informe un texto sobre la marca personal, un asunto que empezaba a cobrar cierta importancia por aquel entonces y que sigue de actualidad en esta sociedad marcada por la transparencia de los más y la opacidad de los menos.

También me referí en ese texto a los gurús de las redes sociales que saltaban de conferencia en conferencia, dejando a su paso un rastro de humo incoloro e inodoro; Unos personajes que, creo, ya forman parte del pasado, empujados al ostracismo por esos infuencers y youtubers que ellos citaban pero no pudieron ser.

Sin embargo, la marca personal sigue siendo una cuestión de actualidad y de importancia creciente al hilo de las nuevas formas de vigilancia social de las que participamos con entusiasmo, al mismo tiempo que cerramos, con pudor, las cortinas de nuestra casa.

En este panóptico digital de celdas con paredes transparentes, donde los papeles de vigilante y vigilado se confunden, nuestra imagen pública –ya no se sabe si hay imagen privada puede ser de importancia capital para conseguir más likes en nuestras fotos de Instagram, pero también para lograr un empleo.

Por eso, a través de lo que se ha dado en llamar “marca personal”, el trabajador en búsqueda de empleo adopta estrategias de marketing en internet con el objetivo de llegar a su público deseado.

Según Infojobs, el 51% de las empresas españolas  consulta los perfiles de redes sociales de los candidatos antes de tomar la decisión de contratarlo y el 22% de las empresas afirma haber descartado a un candidato entrevistado que les había gustado, únicamente por lo que han encontrado en sus redes sociales.

Otro estudio, esta vez de Adecco e infoempleo, elevaba a un 88% el porcentaje de las empresas que, en España, reconoce comprobar la reputación online del candidato antes de contratarle.

¿Pero cómo debe ser la presencia en redes de quien busca un empleo? No parece que debiera ser problemática la expresión mesurada de opiniones, incluso si son disruptivas o incómodas, si se expresan de forma argumentada y serena. Sin embargo, ya advertía Elisabeth Noelle-Neumann en su libro La espiral del silencio.

"No debiera ser problemática la expresión de opiniones, incluso las disruptivas o incómodas"

Opinión pública: nuestra piel social que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.

Otros pensadores como Byung-Chul Han o Morozov, tomando el testigo de Foucault, han alertado sobre un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder.

Por su parte, Remedios Zafra también nos habla del “entusiasmo” impostado e instrumentalizado en un entorno de precariedad y competitividad como forma de domesticación.

¿Cuántos comentarios entusiastas sobre frases inanes sacadas de libros de autoayuda o biografías de CEOs norteamericanos se comparten cada segundo en Linkedin?

De esta forma, asistimos a un silencio que se espesa y se extiende como una mancha dando lugar a una realidad mutilada en tiempos en los que, a pesar de la insistencia pública sobre las bondades de la transparencia y el talento compartido en internet, se corre el peligro de premiar a quien refuerza su marca personal caminando por senderos ya explorados y repite palabras mil veces pronunciadas antes. Eso sí, con mucho entusiasmo y, a poder ser, en un vídeo subido a Youtube.

Instalado en una zona gris pero segura, el trabajador avanza en su proceso de cosifcación hacia esa indiferencia que Gramsci consideraba el peso muerto de la historia, “la materia bruta  desbaratadora de la inteligencia”.

De conformarse esta hipótesis, nos hallaríamos ante una situación preocupante en la que el silencio pudiera aportar similar valor a un currículum que los logros académicos o la trayectoria laboral.

¿Es esta una base sólida para afrontar un futuro que exige, más que respuestas a viejas preguntas, nuevas preguntas que deberán ser formuladas y contestadas entre todos? Que cada uno, frente a la pantalla, reflexione.

Por mi parte, concluyo con un dato: según el Foro Económico Mundial, para 2025 más de  la mitad de todas las tareas actuales en el lugar de trabajo serán realizada por máquinas, en comparación con el 29% actual. No se lo pongamos fácil a los robots.

Director editorial de nobbot.com @dmartinezpr

Perspectivas wellcomm 2019

Deja un comentario