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a investigación académica forma parte de la vida profesional de estos dos gigantes que reflexionan en voz alta para esta edición de Perspectivas.

Desgranar las raíces del desprestigio (o no) de una profesión como el periodismo exige ser autocríticos, pero también constructivos, porque creer en el futuro es la única razón para el progreso y el desarrollo de la docencia. Asistir a esta conversación nos ofrece la oportunidad y el lujo de abordar ambas cosas con ambición y honestidad.

CARMEN: Me llama la atención la importancia de una buena teoría, porque en comunicación odiamos siempre mucho la teoría.

JOSÉ LUIS: Bueno, el reto especialmente acuciante con la innovación tecnológica es pensar la comunicación. Pensar qué nos hace como sociedad y cultura, adoptar una tecnología, el móvil, el ordenador de sobremesa, los portátiles, internet… El impacto más potente de la tecnología es el cambio cultural y la reflexión teórica entra ahí. Entenderlo, explicarlo, hacer un discurso crítico, qué ganamos y qué perdemos.

Decías que con la gran cantidad de datos que nos están llegando, nos hace falta una contextualización, un qué y un por qué. ¿Es ahí donde el periodista puede reclamar su sitio?

Sí, pero no es un elemento nuevo. Las raíces de las profesiones no se ven alteradas por la revolución tecnológica. La recopilación de la información, su análisis, el diseño y el empaquetado narrativo y la difusión es a lo que llamamos periodismo.

El hecho de que ahora esa información sea Big Data no altera esos procedimientos.

La inteligencia de la información es lo que permite convertir datos en conocimiento, algo socialmente útil. Esto no es nuevo, lo que es nuevo es el volumen de datos con el que podemos trabajar en cada momento.

¿Hasta qué punto podemos decir que los profesionales de la comunicación hemos contribuido a crear la actual falta de credibilidad en la sociedad?.

Yo, por naturaleza, como profesor, soy optimista, no puedo entrar a los temas aceptando que esta es una profesión desprestigiada y entiendo el poder de esta profesión bien ejercida.

Por ejemplo, para salvaguardar la calidad de la democracia. Prefiero hacer referencia a las virtudes de esta profesión que no hacer causa de sus patologías. Hay muchísimas patologías en la información: las fake news, la manipulación política, la intervención en procesos electorales… Prefiero centrarme en los valores de esta profesión como fuerza trasformadora de la sociedad y no en sus patologías.

No contribuimos a nuestra credibilidad cuando los intereses económicos o ideológicos detrás de las empresas interfieren en sus líneas editoriales o cuando no somos rigurosos con las fuentes y nos dejamos intoxicar por operadores interesados en conseguir determinados efectos, cuando no somos rigurosos con el lenguaje, cuando desprestigiamos los espacios y momentos en los que formamos a los periodistas.

Hemos convertido gran parte de la comunicación corporativa en un argumentario. Me preocupa que parte de ello haya llevado a una falta de naturalidad al trasladar la imagen. No sé si estamos perdiendo el equilibrio.

Hay un concepto muy útil para esto, que es lo que los americanos llaman “disclousure” (revelación). Si somos capaces de revelar al público los condicionantes de la información que hacemos, los conflictos de interés, eso desaparece. Tú no puedes pretender que alguien de una empresa o institución no tenga intención de venderte su información, porque al fnal es su trabajo. Pero desde el punto de vista del periodismo, sí necesitas una revelación explícita de
los conflictos de interés.

Que escribas acerca de un móvil que te has comprado tú no es lo mismo que hacerlo sobre uno que te ha enviado la marca: posiblemente, tu rigor sea el mismo, pero hay un pacto a respetar que consiste en decir si te lo han regalado o si te los has comprado. No podemos impedir que los actores del mundo quieran condicionar la agenda de los medios, pero tenemos que crear mejores barreras profesionales.

"Prefiero hacer referencia a las virtudes de esta profesión que no hacer causa de sus patologías"

Con motivo de la carta viral del profesor “me cansé y me rindo”, ¿cuál es tu posición con respecto a los temas que él comentaba?

Yo ni me canso ni me rindo. Hay que entender el entorno cultural de los estudiantes, que es lo que yo llamo la hiperconectividad, y no puedo sacarlos de ese entorno cultural -que es comunicación- para enseñarles comunicación. Es como si sacáramos a un pez del agua para enseñarle a nadar. Mis estudiantes pueden usar móviles y yo no tengo ningún inconveniente, simplemente lo gestionan para que no nos interrumpan sus llamadas y listo.

Yo no soy policía y no controlo si están dando likes a fotos; además, espero que utilicen el móvil como una herramienta para mis clases, por ejemplo, para tomar una foto de mis esquemas. Hay que entrenarlos para usar la tecnología de un modo educado y socialmente responsable. Poner el teléfono en la mesa transmite que en cualquier momento va a haber algo que va a ser más importante que lo que tienes delante y eso es demoledor.

La hiperconectividad para ellos es como para nosotros la electricidad. Nadie te dice que seas una adicta a la electricidad y que abuses de ella sin pensar, pero si te quedas sin ella en la oficina o en casa, es un drama. Así como disponer de agua corriente es tecnología y cuando no la tenemos nos ponemos nerviosos.

Es una tecnología que ya no percibes así porque la has adoptado culturalmente. Lo mismo pasa con la hiperconectividad; ellos no lo perciben como tecnología, para ellos estar permanentemente conectados con los de su entorno es una condición básica de su cultura.

¿Qué otros métodos has tenido que adaptar en tus clases y qué impacto tiene el humanismo en esa hiperconectividad?

Hay que ser capaz de conectar con los intereses de los estudiantes para que te presten atención. Antes, eso se daba por hecho. Sólo por asistir ya estabas interesado. Ahora debemos conectar nuestras disciplinas con alguna experiencia vital: sirven las series (para hablar de política, impactos de la tecnología…), por ejemplo, para conectar tu conocimiento y disciplina con los intereses y experiencia de tus estudiantes.

Como resultado de esa adaptación tecnológica tenemos, por ejemplo, a alumnos que llegan a primer año y son youtubers, saben editar y tienen canales muy populares. Cuando voy a colegios, los niños te dicen que quieren ser youtuber y las niñas que quieren ser infuencers. Tenemos que incorporar esas nuevas destrezas tecnológicas en el rediseño de todos nuestros planes de estudio mediante el aprendizaje con proyectos, algo que yo llevo desarrollando en la facultad mucho tiempo.

¿Cómo pueden ayudar las facultades desde el punto de vista institucional a este aprendizaje?¿Están preparadas?

Si alguien me pregunta si estamos preparados yo siempre digo que no. Por definición, no estamos preparados para lo nuevo. Yo diría que estamos perfectamente adaptados para lo viejo. Este es el esfuerzo que hay que hacer, no hay ninguna forma de poder enseñar comunicación desde la seguridad de tu zona de confort. La exigencia es tan potente que a menos que te mantengas permanentemente al día y desarrollando nuevos métodos, no hay manera.

¿Qué dos promesas y dos amenazas crees que traen la tecnología y la comunicación? 

Todas las tecnologías de la información se han vendido con una promesa, te diría que todas las tecnologías (lavadoras, microondas): qué vas a conseguir, el tiempo que ahorras… Todas las promesas tienen una contracarta, ese lado oscuro.

No hay tecnología sin  promesa y no hay promesa sin zona oscura. De internet la promesa fue la conversación. De hecho, el Manifesto Cluetrain que fue una de las primeras investigaciones que se hicieron sobre el impacto de internet en 1999, decía que los mercados son conversaciones y, desde entonces, hemos usado la conversación como promesa y como
metáfora. Pero tiene el riesgo de que los mismos espacios colaborativos que nos permiten el diálogo se utilicen para sabotear la conversación (trolls y haters).

El segundo elemento tiene que ver con la contribución de las tecnologías de internet a la calidad de la democracia, de las relaciones internacionales, a un mundo más unido, más justo, de voces múltiples…

Lo cierto es que las experiencias de espionaje sistemático, las intervenciones en procesos electorales a través de brigadas y de bots ponen en entredicho esa promesa.

Para cada innovación tecnológica, hay como mínimo tres discursos, siguiendo a Umberto Eco: un discurso evangelizador acerca de la tecnología; uno apocalíptico como Black Mirror; y otro crítico que entiende las zonas oscuras y las promesas, y que comprende que lo que tenemos que hacer en la formación es potenciar la dimensión de la promesa transformadora que tienen las tecnologías de la información.

Referentes profesionales

En primer lugar, los profesores con los que empecé a trabajar en la Universidad de Navarra en 1987, Esteban López-Escobar y Juan José García-Noblejas. En segundo lugar, colegas argentinos con los que he aprendido mucho, tanto en el mundo online como por sus libros: Alejandro Piscitelli, que es el primer gran pensador del mundo de internet y digital en español; Carlos Scolari, ahora en Barcelona, que trabaja en transmedia; Hugo Pardo, sobre el impacto de la innovación tecnológica en la educación y Pablo Mancini, ahora en el Washington Post, sobre los impactos de la tecnología en el mundo del periodismo.

Dos lecciones aprendidas

De mi director de tesis, Juan José García Noblejas, aprendí que no hay nada más práctico que una buena teoría. Sigo practicando con alumnos, con los lectores y con la comunidad la necesidad de contar con marcos de referencia en los que ubicar tu actividad y tu práctica profesional. Otra lección complementaria es que para saber lo que hay que hacer, hay que hacer lo que se quiere saber. No se puede deducir la acción de una teoría.

Habilidades del dircom del futuro

Hay tres nuevas destrezas, especialmente estratégicas para los comunicadores: la capacidad de gestionar una empresa (formación en emprendimiento e innovación); la capacidad de gestionar, analizar y visualizar grandes volúmenes de datos (Big Data e infografía). Y finalmente, el dominio de las nuevas narrativas: la capacidad de descubrir y explotar el potencial narrativo de cada nueva plataforma. La innovación narrativa en comunicación es clave.

Perspectivas wellcomm 2019